El consumo de tabaco aparte de estar relacionado con enfermedades cardiovasculares y crónicas, también produce diversos efectos sobre la piel.

A nivel podológico, existen hipótesis de que el consumo de tabaco podría considerarse un factor de riesgo para la aparición de helomas (callos) y más concretamente de las hiperqueratosis plantares (durezas).

La composición del humo son sustancias que poseen una destacada capacidad potencial de agresión fisioquímica que combinadas con el agua que recubre la mucosa puede transformarse en ácidos.

De esta manera la piel se verá expuesta a efectos nocivos, bien por contacto directo o indirecto a través de la sangre. La sangre con toxinas, permanece más tiempo afectando glándulas sudoríparas lo que puede irritar y bloquear los capilares y tejidos.

El callo actúa como un tapón que impide la salida de toxinas y la nicotina, que llega a producir el dolor e inflamación. Éstos callos son los conocidos “helomas nicotínicos”

Uno de los mecanismos fisiopatológicos que el tabaco ejerce sobre la piel son las alteraciones en la cicatrización de las heridas.

Con el tiempo se ha podido demostrar que la dermis de los pacientes fumadores presentan un incremento de número de fibras y de esta manera la piel se engrosa y se forma la queratosis (callosidad), debido a la pérdida de las propiedades de la elasticidad y flexibilidad y al aumento de la sensibilidad con la fricción y sobrecarga.

Además, advierten desde el Colegio de Podólogos, de que es posible eliminar la lesión si se deja de fumar y se practica deporte habitualmente.

 

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